Cv-actualizado

Investigador social, docente universitario y conferencista. Investigación académica-musical en América Latina. Especialista en música mexicana. Locución y producción radiofónica. Asesoría histórica de documentales (La Ley del Corrido para Discovery and El Mariachi para History, como ejemplos emblemáticos). Habilidades como analista político. Catalogación de archivos históricos. Autor-escritor de libros de investigación social publicados por editoriales de prestigio y de artículos indexados divulgados por revistas académicas. Especialista en deportes. Es columnista del periódico AM. Es historiador social y cultural. Ha sido profesor en secundaria y preparatoria. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT. Científico. Especialista en historia oral. Formado en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de México-CIESAS. Especialista en mariachi, corrido, música norteña mexicana y violencia. Ha sido especialista invitado en programas de Javier Solórzano y Enrique Lazcano. E-mail: luisomarmontoyaarias1982@gmail.com


sábado, 16 de noviembre de 2013

Mi experiencia en Colombia con las músicas mexicanas.


Mi experiencia en Colombia con las músicas mexicanas.

Luis Omar Montoya Arias

CIESAS-Peninsular (México).


 

En diciembre de 2011, hice un viaje que duró 20 días, a través de los Departamentos de Cundinamarca, el Meta, Antioquia y Santander. Las experiencias resultaron fascinantes. En Zapatoca, municipio de Santander, conviví con una familia de abolengo en la región, los Ardila. Cuando llegué a su casa lo primero que llamó mi atención fue un mariachi gigante hecho en talavera que presumía su recibidor; un calendario azteca hecho en hueso y  una gran postal de José Alfredo Jiménez. Antes que preguntara nada sobre el asunto, el esposo de la señora Cecilia Ardila atajó, “son recuerdos que le pedimos a mi sobrina, ella trabaja en México como actriz en la serie Capadocia del canal 11, propiedad del Politécnico”.

Entonces terminé de comprender la importancia que las músicas populares mexicanas tienen en la construcción histórica de la nación colombiana. Ese mismo día, por la tarde-noche, acompañé a la familia Ardila al centro de Zapatoca, en donde conocí una mercería que vendía imágenes de la virgen de Guadalupe y Juan Diego; escuché música de Los Tigres del Norte en los estéreos de los carros, de las cantinas salían melodías de José Alfredo Jiménez, Vicente Fernández y Los Relámpagos del Norte. En la plaza de mercado me presentaron a un vendedor de fruta que se decía fanático de la Selección Mexicana de Fútbol, lo cual era verdad, pues justo esa noche portaba el número de 10 en el dorsal.

El 29 de diciembre del mismo 2011, mientras viajaba de Barichara a Zapatoca, vi a una mujer de unos 35 años ataviada como La Chilindra, personaje de la serie mexicana El Chavo del 8 de Roberto Gómez Bolaños. En el mismo recorrido escuché una docena de canciones mexicanas en ritmo vallenato, incluida La de la mochila azul de Pedrito Fernández. En Bucaramanga conocí el restaurante, El guitarrón y el sombrero, ubicado en la Carrera 33, en su interior todavía colgaba publicidad que brindaba testimonio del paso de Los Tigres del Norte por esta ciudad colombiana, el 15 de diciembre del mismo año. Gracias a esa travesía supe que las telenovelas colombianas: El gallo de oro (RTI / 1982), Pero sigo siendo el Rey (RCN / 1984), La Caponera (2000 / RTI) protagonizada por Margarita Rosa de Francisco y Miguel Varoni, La hija del mariachi (RCN / 2006) y El Señor de los Cielos (2013 / Caracol) son historias que tienen en México su razón de existir.

Otra estrategia que apliqué durante mi estancia en Bogotá, fue la de caminar el centro de la capital colombiana, ubicar los mercados de pulgas (equivalente a los tianguis mexicanos), con el objetivo de rastrear música norteña, asociada a la venta de acetatos. Mi búsqueda tuvo éxito. En la Calle 19 (entre la 7 y la 8) se localiza “Manolo. Compra y venta de discos”, de donde logré rescatar el disco, Voces de México, editado por CBS Colombia, el 21 de mayo de 1988. En este material se incluyen melodías como Ojitos aceitunados de Las Jilguerillas, Vuelve gaviota con el Dueto Río Bravo, Ya me voy llorando de Las Hermanas Huerta, Besito chiquito con Dueto Alma Norteña, Seis pies abajo de Los Donneños, Las tres tumbas con Lorenzo de Monteclaro, Mujer paseada con Las Palomas y Como una dadiva de Los Alegres de Terán. También adquirí el disco, México Primero, editado por CBS el 17 de abril de 1965, en México. En este segundo material discográfico destacan: Puerto de ilusión con Las Hermanas Huerta, Corrido de Monterrey con Cuco Sánchez, El Sinaloense con Luis Pérez Meza, Norteño tamaulipeco con Las Hermanas Huerta y Caminante del Mayab con Los Panchos. El disco, México Primero contiene una breve introducción que nos permite corroborar que en el sur de América, para la década de 1960 la música norteña ya formaba parte de la identidad musical mexicana:

La música habla del alma de los pueblos. Define su perfil ancestral y moderno, cuenta sus leyendas y pasiones, y se proyecta como forma de expresión profunda y sincera, íntimamente ligada con la tierra y el viento. México es un país de rica sensibilidad musical. Su geografía sonora se desborda a través de sus fronteras y lanza a los cuatro vientos el idioma universal de su interminable folklore. Cantan Chihuahua y Sinaloa al compás de la redova…galopan impetuosos los corridos del norte…vibran las voces del mariachi bravío bajo el limpio cielo de Jalisco…la huasteca potosina lanza la suave voz de su garganta…el Mayab misterioso y romántico luce sus serenatas, y en las costas la brisa se vuelve himno cadencioso a ritmo de mar y palmeras. México es un país que siempre ha sabido cantar. Conozca su gente y compruebe que el alma de México es una constante alegría de vivir[1].

En los mercados de pulgas, ubicados en el centro de Bogotá, también encontré discos de Cornelio Reyna, editados por Codiscos de Medellín, en convenio con Discos Musart. El hallazgo no parece asunto menor, pues Cornelio Reyna es considerado uno de los primeros intérpretes de música norteña, en presentarse en vivo en Colombia, en la década de 1980. De acuerdo con Alirio Castillo, Gonzalo Rodríguez Gacha y Gilberto Molina, llevaron a Colombia, a Cornelio Reyna en muchísimas ocasiones. “Reyna era el único artista mexicano que iba hasta las minas de esmeralda y salía con piedras que le regalaban los esmeralderos”[2]. Cornelio orientó a los colombianos sobre cómo tocar los instrumentos de la música norteña. En la misma década de 1980 llegaron Los Rayos de Chuy Luviano a Colombia. Para inicios de la década de 1990, los músicos colombianos se dieron cuenta que hacer música norteña dejaba dividendos, entonces comenzó la euforia por la norteña ligada a la narración de hechos delictivos vinculados con el narcotráfico colombiano.

Los mercados de pulgas más importantes de la ciudad de Bogotá son el mercado del centro que va desde la Avenida 19 hasta la calle 26, muy cerca del Planetario Distrital; el mercado de la Calle 13 (entre las carreras 16 y 20), el de la Avenida Jiménez (entre las carreras 7 y 8) y el del Banco de la República localizado en el Parque Santander, en la calle 15 (entre las carreras 6 y 7). Fue justamente en el mercado de pulgas del Banco de la República que localicé el concierto de Javier Solís en Colombia, año de 1965. El disco fue editado por Codiscos de Medellín, sello que por muchos años grabó y vendió la música de Cornelio Reyna en convenio con Musart de México. “Y el anhelo multitudinario se cumplió; Javier Solís vino a Colombia para complacencia de sus millares de admiradores, cantó, triunfó dejando un amplio ambiente de afectos por el artista; y se prendó de la música romántica y expresiva nuestra, la cual acogió entusiasmado, convencido de incluirla por sobra merecimientos, en su seleccionado repertorio. Con el presente LP, Javier Solís en Colombia, sentimos emocionada complacencia de presentar un programa seleccionado por el clamor general; la canción de Jorge Villamil (Espumas), orgullosamente colombiana, lista a pasearse por el mundo del brazo con los éxitos que todos quieren oír a diario en labios del cancionero de las preferencias”[3]. César Pagano y Villegas, coleccionista de músicas del mundo, habitante de Bogotá y especialista en boleros nos contó que el concierto de Javier Solís en 1965 “vino a darle un tercer aire a la música mexicana en Colombia, una música que nosotros amamos y que no dejaremos que muera jamás”[4].

Últimos hallazgos.

Un día de septiembre del año 2012, mientras caminaba por el centro histórico de la ciudad de México, encontré sin buscar un puesto de discos. Algo llamativo del hallazgo es que el negocio se localiza en zona de ambulantaje, pero la discografía que se ofrece a la venta es original y especializada. La dirección es Avenida Hidalgo, esquina con 2 de abril, a espaldas de Bellas Artes y a un costado del Teatro Hidalgo. El señor que atiende el puesto se negó a darme su nombre por cuestiones de seguridad, sin embargo fue amable al responder mis inquietudes. El negocio se especializa en la venta de “música clásica latinoamericana”, hay samba, tango uruguayo y argentino, música cubana, cuecas chilenas y rancheras mexicanas. Hablando de música norteña, que es nuestro interés principal, los discos que están a la venta corresponden a las décadas de 1950, 1960 y 1970, fundamentalmente. Su proveedor está en el estado de Hidalgo, el material es editado por disqueras locales afincadas en ciudad de México y en Medellín, Colombia. Golden Disc, por ejemplo, se encuentra en la Delegación Cuauhtémoc, DF; Discos Celeste en Colonia Álamo, Atotonilco el Grande, Hidalgo; Discos Relámpago, Discos Amor y PRODISC en el DF; RCU de Rodrigo Cardona en Medellín, Colombia. Son discos originales de bajo costo enfocados en intérpretes, duetos y grupos norteños de hace más de sesenta años. En el negocio se pueden adquirir discos de Los Alegres de Terán, Los Hermanos Banda de Salamanca, Los Tremendos Gavilanes, Los Troqueros, Los Madrugadores del Bajío, Dueto Alma Norteña, Hermanas Arias y Los Gallitos del Sur, por mencionar unos ejemplos.

Quizás lo más relevante es el papel con el que juega Discos RCU de Medellín, Colombia., pues esta empresa compró en el año 2008 derechos de catálogos mexicanos, especializados en música norteña. La compra se dio, principalmente, a disqueras regionales mexicanas como Del Bravo, Wop Music y DMY de Monterrey, Nuevo León. De esta manera, por lo menos a través del negocio del que estamos hablando en este apartado, los derechos de la música norteña adquirida, escuchada y difundida en el centro de la ciudad de México, está cedida temporalmente a una disquera colombiana. No es raro que RCU sea de Medellín, pues como ya hemos explicado páginas atrás, la región de Antioquia es fundamental en la construcción, desarrollo y consolidación de la música norteña en Colombia. Recientemente los colombianos, especialmente los paisas, asumieron un papel activo desde la venta, comercio y difusión de la música norteña llamada clásica por los conocedores de la misma. Es relevante ese circuito de ida y de vuelta que se teje. La música norteña mexicana clásica sigue teniendo demanda y un público tan amplio que hasta disqueras extranjeras como RCU de Colombia, adquieren derechos de catálogos para luego distribuirlos por Latinoamérica, pues además del DF, estos discos también se están vendiendo en el puesto de Lucho Muñoz, establecido al interior de un mercado chileno, ubicado en Estación Central de Santiago. Insisto, se necesita una investigación que atienda y estudie el fenómeno de la música norteña en Medellín si se desea profundizar en el fenómeno.

El entrevistado, quien se negó a dar su nombre por miedo a sufrir extorsión o secuestro, señaló que sigue vendiendo casetes porque mucha gente del sur de México, especialmente de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, los demanda. Por ese mismo motivo es que también vende discos de agrupaciones norteñas nativas de los estados sureños enumerados, como Los Gallitos del Sur, Dueto Bertín y Lalo. Los discos de música norteña cuestan entre $30 y $50 pesos mexicanos. El bajo costo es una de las razones que motiva al vendedor a surtir mercancía procedente de Medellín, Colombia. Sus clientes acuden cada quincena a adquirir discos. El negocio se enfoca en un mercado viejo y conocedor, los clientes son los mismos de hace años. Vende, en promedio, $500 pesos mexicanos diarios. No comercia música alterada, ni nada contemporáneo. Se beneficia de las constantes marchas y plantones en el DF, pues muchos de los asistentes son normalistas de varias partes de México, quienes aprovechan para adquirir música, la cual usan especialmente para montar bailables escolares en el marco de las fiestas de septiembre y noviembre. Culpa a las nuevas tecnologías de la crisis discográfica, pone el ejemplo de Discolandia, un negocio de discos que se encontraba sobre el Eje Central del DF, el cual quebró y cerró todas sus tiendas debido al fenómeno de los quemadores, la piratería y la música que circula por I Tunes.

Anécdotas por contar

Desde el inicio de la presente investigación, una de mis intenciones ha consistido en asumir un papel activo en los entornos socio musicales en los cuales me desenvuelvo. Por esta razón decidí hacer una visita al Bar El Águila Negra, en compañía del músico Wilson Latorre. El Águila Negra se ubica en Bogotá, Colombia., es un sitio especializado en música norteña. El viernes 6 de enero del 2012 llegamos al lugar a eso de las 10:00 p.m. con el objetivo de conocer el ambiente norteño en Bogotá, amén de presentarme con los propietarios del negocio. La experiencia fue ruda, aunque muy productiva porque me permitió conocer de cerca al tipo de personas que gustan de la norteña en Colombia, en contextos urbanos. Lo primero que llamó mi atención es que el 90% de los comensales eran mujeres entre los 30 y los 60 años de edad, algo que no imaginaba; el segundo aspecto relevante fue percatarme que los colombianos cantan, beben y disfrutan la norteña, pero no la bailan. El ambiente del lugar era muy pesado, violento, mafioso y exageradamente lumpenizado. El local era feo, sucio, tétrico, con mal sonido y pésimos músicos. Nunca me sentí cómodo mientras estuve en él, desde que llegué quería irme. Lo cierto es que viví la experiencia, la fiesta terminó a eso de las 4:00 de la mañana y los resultados fueron positivos porque pude vivir, sentir y observar el diálogo que la norteña guarda con esos seres bogotanos que encuentran en esta música una forma de entender su vida. Pude platicar con  cinco mujeres que se encontraban en el sitio, lo más relevante que me compartieron fue que les gustaba la música norteña porque “es una música que llega al alma”[5]. El asistir al lugar me permitió comprobar que, efectivamente, los Corridos Prohibidos pasaron de moda, dejaron de tener importancia: en toda la noche sólo se interpretaron dos corridos colombianos, casi todo el repertorio que se degustó esa noche fue mexicano, entre rancheras y cumbias como Agua salada y La manzanita. Ese día, también, decidí aceptar la invitación al escenario y subí a cantar Con la tinta de mi sangre, un referente en la historia musical de Los Relámpagos del Norte. La experiencia fue inolvidable porque significó la primera vez que un servidor subía a interpretar una canción norteña mexicana en un escenario extranjero. Cuando salimos del local sentí alivio y una sensación de haber escapado a la muerte invadía mi cuerpo. No cabe duda que los nexos de la norteña con mundos peligrosos es un fenómeno global, no privativo de México.

El fin de semana del 13, 14 y 15 de enero del mismo 2012, acompañé al productor Alirio Castillo y a la investigadora brasileña, Patricia Schone Vergara, a un recorrido por Villavicencio. Alirio Castillo decidió invitarme no como un gesto de amabilidad, sino por interés. Ese fin de semana los directivos de Vibra Music se reunían en una finca a las afueras de Villavicencio con el objetivo de discutir proyectos en puerta y Castillo encontró en los investigadores extranjeros la razón perfecta para irrumpir en la junta y ver qué podía sacar. El viernes 13, a eso de las 11:00 p.m. arribamos a una centro de espectáculos conocido como Tienda Las Águilas, donde se brinda la oportunidad a agrupaciones nuevas norteñas de mostrarse en público, cantar, vender sus grabaciones a bajo costo y tener la posibilidad de amarrar tocadas de fin de semana en fiestas caseras y particulares. El lugar era mucho más elegante que el de Bogotá, pero igual el sonido, los músicos y el repertorio que ejecutaban era muy pobre. La gente no bailaba; entonces tomé la decisión de invitar a la investigadora brasileña al centro de la pista con el objetivo de ver la reacción y el comportamiento de los asistentes. Todo mundo nos veía como algo extraño y ajeno a su mundo. Para los colombianos que escuchan música norteña, bailarla no es importante; ellos  la perciben, beben aguardiente y cerveza, pero no es una música festiva que los invite a bailar. El fenómeno es interesante sobre todo si consideramos que la música norteña colombiana está ceñida, casi en su totalidad, al cultivo de un sólo género: el corrido. La música norteña colombiana está lejos de considerar e integrar huapangos, redovas y polkas que son géneros que invitan más al baile y menos a la melancolía y a la tristeza. El sábado 14 de enero nos presentamos por la tarde-noche en la finca La Esperanza con los dueños de Vibra Music. El encuentro fue interesante porque llegó un personaje de quien no recuerdo su nombre, lo cierto es que toda la noche me estuvo pidiendo que cantara con él, México lindo y querido en la versión del guanajuateño, Jorge Negrete. Me llamó la atención que el personaje en cuestión siguiera prendido del estereotipo del charro mexicano, sobre todo porque se asumía como conocedor de la música mexicana. Esa noche me quedó claro que aún con la disponibilidad de nuevas tecnologías, hay barreras que siguen sin acortarse y que los nacionalismos, especialmente el mexicano, siguen jugando un papel central en la construcción de eso que los científicos sociales llaman Latinoamérica. Al final de la noche, y luego de la borrachera, a eso de las 3:00 a.m. el admirador de Jorge Negrete ganó, lo que significa que terminé cantando México lindo y querido a dueto con él.

Fuentes citadas.

Entrevistas.

Castillo, Alirio [entrevista], 2009, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.

Ortega, Carolina [entrevista], 2012, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.

Pagano, César [entrevista], 2012, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.

Discografía.

México Primero, México, CBS, LP 33 RPM, 1965.

Solís, Javier, Javier Solís en Colombia, Medellín, CBS-Codiscos, 1966.

 

 



[1] México Primero, México, CBS, LP 33 RPM, 1965.
[2] Castillo, Alirio [entrevista], 2009, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.
[3] Solís, Javier, Javier Solís en Colombia, Medellín, CBS-Codiscos, 1966.
[4] Pagano, César [entrevista], 2012, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.
[5] Ortega, Carolina [entrevista], 2012, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.